Dentro del mundo del aikido de la escuela Iwama, hay varias leyendas vivientes a las que tenemos el gusto de conocer, y de los que hemos podido aprender a lo largo de los años. Dos de estas leyendas son Paolo Corallini sensei, 8º Dan, y nuestro gran amigo Ethan Weisgard sensei, 7º Dan. Ambos fueron estudiantes directos de Saito sensei en el dojo de Iwama, siendo uchideshi durante largas temporadas, y volviéndose amigos muy cercanos del sensei. Tambien son muy amigos entre ellos, y hace unos años decidieron compartir seminario, en años alternos, en Copenhague y en Italia, bajo el título "Friendship Seminar".
En septiembre de 2025, un pequeño grupo de nuestros practicantes asisitió al segundo "Friendship seminar" celebrado en Copenhague. En esta ocasión solo pudimos asistir Minchi, Pedro y yo mismo (en la anterior ocasión, en 2023, asistimos un nutrido grupo de 8 practicantes incluyendo nuestro director técnico Juan Carlos Santurde).
Volamos el jueves antes del seminario, y al poco de llegar al hotel nuestra maravillosa amiga Lone, del dojo de Ethan (Copenhaguen Aiki Shuren Dojo) vino a recibirnos y a ponernos al corriente de todos los detalles necesarios de organización y logística. También nos invitó a asistir a la clase del día siguiente, muy pronto por la mañana, en el dojo. Tras acompañarnos en un largo paseo por la preciosa ciudad de Copenhague y una cena ligera fuimos a descansar para prepararnos para los intensos días que venían.
El viernes por la mañana Pedro y yo asistimos a la clase en el dojo, impartida en esta ocasión por Finn (4º Dan), uno de los alumos más avanzados del dojo, ya que Ethan estaba ocupado con los preparativos del seminario. Trabajamos ken tai jo con varios de los alumnos de Ethan en un entrenamiento estupendo. Después nos invitaron a un desayuno especial en el bar que tienen ¡dentro del dojo! Esta es una idea increíble que merece una entrada aparte. Tras pasar el día de nuevo disfrutando de la ciudad fuimos convocados al dojo para una cena del club (en serio ¡tienen un bar dentro del dojo!) donde pudimos disfrutar de muy grata compañía y aun mejor cena.
El sábado abrió Ethan sensei el seminario con una sesión de jo dori y jo nage, seguido por Paolo sensei mostrando los 7 kumijo en forma antigua (de cuando todavía solo eran siete). Seguidamente volvió Ethan con una interesante sesión de kaeshi waza (contratécnicas) y henka waza (variaciones) y por último volvió Paolo sensei con una sesión de tachi dori para complementar la primera sesión que había impartido Ethan sensei. Ya por la noche acompañamos a los senseis y los integrantes del dojo a una deliciosa cena tradicional en un precioso restaurante en un gran parque, un pequeño paraíso dentro de la ciudad.
El sábado abrió Ethan sensei el seminario con una sesión de jo dori y jo nage, seguido por Paolo sensei mostrando los 7 kumijo en forma antigua (de cuando todavía solo eran siete). Seguidamente volvió Ethan con una interesante sesión de kaeshi waza (contratécnicas) y henka waza (variaciones) y por último volvió Paolo sensei con una sesión de tachi dori para complementar la primera sesión que había impartido Ethan sensei. Ya por la noche acompañamos a los senseis y los integrantes del dojo a una deliciosa cena tradicional en un precioso restaurante en un gran parque, un pequeño paraíso dentro de la ciudad.
El domingo de nuevo empezó Ethan sensei con trabajo de base, siempre interesante, de ken suburi y awase. Seguimos con el bokken en la mano en la primera sesión de Paolo sensei con kumitachi y sus henka. Despues de comer Ethan sensei continuó con el trabajo de kaeshi waza, y terminó Paolo sensei con los ken tai jo antiguos. Una vez terminado el seminario, y tras un rato de descanso, fuimos invitados de nuevo a acompañar a los senseis y algunos miembros del dojo a una cena comunal (una bonita costumbre) en el centro de Copenhague.
Y ya con eso, tras un lunes de turismo relajado y de nuevo acompañados por Lone, el martes emprendimos el camino de vuelta con el cuerpo agotado y la mente agradecida por los conocimientos adquiridos, las experiencias vividas, y la cercanía y el cariño (y, por qué no decirlo, el reconocimiento a nuestro gran trabajo en el tatami) de los senseis. Todo un honor y un privilegio que sin duda repetiremos en la próxima edición.

