Hace un año que volvimos de nuestro primer viaje a Japón, a conocer muchos mágicos lugares y vivir la experiencia de entrenar junto a los más grandes maestros vivos de la escuela de aikido que practicamos, comúnmente llamada Iwama Ryu o Takemusu Aiki. De la mano de maestros como Inagaki Shigemi sensei, que aprendió directamente del fundador O'Sensei y de su más aventajado discípulo Saito Morihiro sensei, vimos de primera mano el aikido del fundador, y todo lo que rodea a la práctica del aikido más tradicional.
Gran parte de estos elementos adyacentes a la práctica constituyen el protocolo de entrada y salida del tatami, es decir, lo que se hace antes y después del entrenamiento propiamente dicho. Japón es muy protocolario en general, y la práctica no podría ser menos. Y es de lo que hablaremos aquí.
Una media hora antes de la clase, los uchideshi (estudiantes residentes) preparan el dojo, barriendo el suelo con escobas tradicionales, de las de palos, y revisan que todo esté correcto, limpio y ventilado. Unos minutos antes de la hora de inicio, todos los uchideshi forman en fila de espaldas al joseki (digamos, la pared a la derecha del kamiza) y van recibiendo al resto de estudiantes que van llegando, tanto sotodeshi como los propios oriundos del pueblo de Iwama (hoy llamado Kasama). Los que llegan, antes de entrar al tatami ya totalmente vestidos (la hakama se pone fuera), saludan con un "Konnichiwa onegaeshimas", si es por la mañana, o "Konbanwa onegaeshimas" si es la clase de la tarde, y los uchideshi responden de igual modo, añadiendo una reverencia. Cuando ya está todo el mundo listo, todos se mueven al shimoza y se colocan en seiza para recibir al maestro.
Tras la clase y el saludo final del sensei (que cubriremos en otra entrada), este abandona el tatami, con todo el mundo todavía en seiza. Cuando se ha ido, el estudiante de más alto grado se adelanta unos pasos, encara lateralmente a sus compañeros e indica "Otagai ni rei" (significa "saludémonos mutuamente"), y todo el mundo hace una reverencia contestando "Arigato gozaimashita" (significa "gracias por lo que he recibido"). Por último, el estudiante de más alto grado ordena "Souji onegaeshimas" (significa "Limpiemos, por favor"), a lo que todo el mundo contesta "Onegaeshimas" y automáticamente todos se levantan y van a por unos viejos trapos (algunos tenían pinta de llevar allí desde tiempos de Saito sensei por lo menos) y entre todos, en menos de 5 minutos, se le da un repaso general al dojo, limpiando paredes, repisas, adornos, etc. No hay una organización ni una jerarquía. De forma espontánea todo el mundo se reparte para cubrirlo todo. Una vez terminado, tras aclarar el trapo y dejarlo donde estaba, ya se puede abandonar el dojo.
Este conocimiento nos lo trajimos de vuelta y hemos implementado parte en nuestro dojo, como muestra de respeto por las tradiciones de la práctica de nuestra escuela.